29/11/2010 | SINDICAL

Trabajadores autogestionados: Disputando el capital

Nota publicada en Miradas al Sur del 28 de noviembre de 2010 con la palabra de Rufino Almeida, secretario gremial del MUP. Las fábricas recuperadas crecieron no sólo en cantidad, sino en el número de sus trabajadores, según consigna un relevamiento de la UBA.

La Upea en sociedad

Días pasados se lanzó, finalmente, la Unión Productiva de Empresas Autogestionadas (Upea), un consorcio de recuperadas y autogestionadas que perseguirá darle entidad y respaldo a los reclamos del sector. El acto fue cerrado por el ministro de Trabajo de la Nación, Carlos Tomada, con dos fuertes guiños políticos: la garantía de que el oficialismo continuará en la batalla por la reforma a la Ley de Quiebras y el adelanto de que la cartera laboral prepara un proyecto de “estatuto para el trabajador autogestionado”.

“El 2010 se cierra con la ley aprobada”

Desde el Bauen, consideramos que es muy saludable el tratamiento de esta modificación a la actual Ley de Quiebras. Si bien no prosperaron anteriores experiencias, ésta viene del Ejecutivo, pero además de la mano de alguien que tiene una mirada diferente en el desenvolvimiento del desarrollo de las fábricas recuperadas, como es Luis Caro (presidente del Movimiento Nacional de Fábricas Recuperadas).

“Un salto de calidad en las políticas públicas”

Si la economía argentina continúa creciendo en los actuales niveles, desde Upea consideramos que el Estado Nacional –que ya está haciendo bastante por nosotros– puede generar un salto de calidad en cuanto a las políticas públicas implementadas para nuestro sector.

En ese sentido, creemos que es necesario articular las decisiones estatales que hoy están desagregadas en diferentes oficinas y ministerios. Es necesario funcionar con una lógica donde el eje primordial sea el trabajo y la producción.

Ventajas de la autogestión

Las empresas capitalistas tienen como principal objetivo la maximización de ganancias, esto implica minimizar costos, entre ellos los sueldos. Así también existe un costo empresario, es decir, para que la empresa funcione el empresario necesita tener garantizada una determinada tasa de ganancia, sino no invertirá.

Expropiación de Inmuebles y Bienes de Empresas Recuperadas

El 25 de noviembre de 2004, la Legislatura del Gobierno de la Ciudad de Buenos Aires sancionó la Ley 1.529 sobre Expropiación de Inmuebles y Bienes de Empresas Recuperadas. Ésta es una norma muy importante en términos de promoción y fomento del empleo que, sin embargo, aún no ha logrado cumplimiento total y efectivo siendo que es una norma, eminentemente, operativa.

¿Qué dispone la Ley 1.529?

De la estrategia surgida de la desesperación a la posibilidad de una nueva realidad que los participe como actores activos de la organización económica del país. El periplo de las recuperadas.

Abrieron las fábricas que los empresarios cerraban. Sin capital y sin patrones, pusieron a funcionar engranajes oxidados y talleres raídos. Se organizaron, y en base al esfuerzo y el trabajo colectivo, lograron un lugar en el mundo del trabajo que les permitió la subsistencia pero también su revalorización como sujetos sociales.

A diez años de la multiplicación de estas experiencias, y superada una primera instancia de supervivencia, los trabajadores autogestionados y sus organizaciones plantean que sus prioridades hoy están vinculadas a colocarse en la agenda pública, de manera que se les permita transformar sus reclamos históricos en propuestas concretas, en pos del desarrollo del sector.

Referentes de las organizaciones del trabajo autogestionado en el país y reconocidos investigadores, reflexionan junto con Miradas al Sur sobre el presente y futuro de un proceso surgido en la resistencia al neoliberalismo, afianzado al calor de las recientes políticas públicas, pero que necesita nuevos abordajes para dar un salto cualitativo y constituirse como actor productivo.

Dilemas para una definición. “El trabajador autogestionado no es un sujeto nuevo; hay antecedentes históricos a lo que sería la empresa recuperada. Además, el trabajo autogestionado excede a las empresas recuperadas. Hay otras experiencias donde se manifiesta esto de trabajar bajo gestión colectiva”, sostiene Andrés Ruggeri, Director del Programa Facultad Abierta de Filosofía y Letras de la Universidad de Buenos Aires (UBA), colectivo de trabajo que publicó recientemente un completo informe sobre las empresas recuperadas.

El tercer relevamiento de empresas recuperadas por sus trabajadores (ERT), que fue comparado con dos anteriores realizados en 2002/3 y 2004, concluyó que en el país existen 205 empresas recuperadas, las que son definidas como “una empresa de gestión colectiva de los trabajadores que conforman su plantel con origen en una empresa anterior de gestión privada”. Estas ocupan a un total de 9.362 trabajadores, lo que representa un notable incremento respecto del año 2004, oportunidad en que se contaron 161 ERT, con 6.900 obreros.

Los referentes de las organizaciones que nuclean experiencias de este tipo, cuyo principal objetivo es generar ingresos y satisfacer las necesidades de los trabajadores, destacan que las formas de autoorganización económica colectiva exceden a las empresas recuperadas, en tanto adquieren formas de cooperativas, asociaciones civiles, organizaciones comunitarias, campesinas y de producción familiar.

“El trabajador asociado y autogestivo es un sujeto colectivo, plural, histórico, pero por sobre todas las cosas, un sujeto socioeconómico que lucha no sólo por el salario, sino por el trabajo”, define en diálogo con este medio Hugo Villar, abogado de la Asociación Nacional de Trabajadores Autogestionados (Anta), organización que surgió en el seno de la Central de Trabajadores Argentinos (CTA).

Villar sostiene que “se disputa una economía no capitalista que esté en manos de los trabajadores y que por lo tanto no sólo discute los sistemas de producción, sino los criterios colectivos con los que se orientará el consumo”. Y esto, explica, es central para reconocerse como parte de la clase trabajadora.

“Aquí no hay una conciencia cooperativista a la usanza del viejo Partido Socialista –asegura– , como lo era el Hogar Obrero, y donde los trabajadores eran socios. A nosotros no nos gusta que nos digan socios, porque nos reconocemos como trabajadores. El hecho de que no tengamos patrón no cambia nuestra condición de trabajadores.”

Los distintos movimientos de empresas recuperadas que existen en el país coinciden en este punto y sostienen que se puede ser trabajador propietario, sin alcanzar la condición de patrón. “El patrón siempre va a tener afán de lucro y el trabajador autogestionado considera que la “plusvalía’ o la fuerza de trabajo no remunerada debe devolverse a la comunidad con criterios de inclusión social”, afirman.

Bajo esos preceptos, las unidades productivas autogestionadas se desenvuelven dentro de dos esferas que muchas veces resultan incompatibles dentro del sistema capitalista de producción: la económica y la social. La parte del excedente que no se reinvierte en el proceso productivo se vuelca a proyectos vinculados con el desarrollo comunitario, la construcción de viviendas, la organización de clubes y la promoción de actividades educativas, entre otras.

En definitiva, lo que se juega aquí es una visión de la economía que Rufino Almeida, director del Centro de Estudios para la Nueva Argentina y gestor de estos emprendimientos, expresa así: “Para nosotros, la economía es la actividad humana destinada a satisfacer nuestras necesidades: alimento, vivienda, vestido, salud, educación, esparcimiento, arte, descanso y deportes son necesarios para una vida digna y sana”. Y concluye: “Por eso todos tenemos esos derechos”.

Almeida se preocupa en destacar que, a su modo de ver, la economía es una sola. “Como las necesidades, los recursos naturales también son de todos, así como también el desarrollo de los medios tecnológicos y los conocimientos son producto de una experiencia histórica conjunta. Por eso debemos cuidar los recursos, trabajar todos y repartir los resultados con justicia para que a nadie le falte o quede con necesidades insatisfechas”, opina.

Sobreviviré. La falta de inversión inicial y las consecuentes dificultades para capitalizarse son la marca en el orillo de la mayoría de las empresas recuperadas, según se desprende del informe del Tercer Relevamiento de ERT. “En 2004, la escasez de materia prima y de capital superaban con mucho a la falta de inserción en el mercado como motivo para no alcanzar niveles superiores de producción”, según la opinión de los protagonistas del proceso recogida por los investigadores de la UBA.

Sin embargo, el problema de la inserción en el mercado, explica Ruggeri, surge hoy como la causa más destacada para los problemas productivos. “Hay una relación entre la capitalización de las ERT y cómo logran desenvolverse en un mercado que tiene como regla la competencia y donde los conceptos de trabajo autogestionario son absolutamente ajenos a su lógica, que aparece cada vez más importante para aquellas ERT que ya llevan varios años de funcionamiento.”

Para Pablo Heller, investigador del Instituto Gino Germani de la UBA y asesor de Sasetru, esas dificultades son parte de la presión económica que ejerce el capital para destruir las distintas experiencias de gestión obrera. “En nombre de una inyección de capitales, que se convierte en una necesidad vital, se pretende forzar a las cooperativas a una asociación con grupos empresarios. Estas formas de asociación están muy avanzadas en ciertas fábricas, como la ex Zanello, de Córdoba.”

Para el investigador, la mirada idealizada de estas experiencias hace que se pierda de vista la encrucijada en la que se encuentra el sector. “Al depender en forma excluyente de un proveedor o cliente para poder producir, los trabajadores ven socavada su autonomía y corren el riesgo de culminar siendo rehenes de ellos. La gestión obrera corre el serio peligro de degenerarse y terminar transformándose en una tercerizada de algún grupo capitalista, que pasaría a tener un peso gravitante en las decisiones de la empresa”.

Las limitaciones se extienden al sector más abarcativo que integran las ERT junto con cooperativas y emprendimientos asociativos, y que actualmente se enfrenta a la necesidad de avanzar en la consolidación de su subjetividad para sortear los inconvenientes que se van presentando. “Si bien la etapa de sobrevivencia está siendo superada, el sector todavía debe resolver una serie de cuestiones para que realmente se convierta en una alternativa mayor a lo que es hoy”, dice Ruggeri.

Otro aspecto que preocupa a las ERT es la dificultad para desarrollar una forma económica de gestión colectiva que pueda crecer sin burocratizarse, sin volver a convertirse en una empresa del tipo más tradicional. “Aquí hay un problema que es la falta de herramientas legales, que les permita desarrollarse sin tantas trabas, sin precariedad”, sostiene el investigador.

Actualmente, las empresas autogestionadas se constituyen en cooperativas, la figura que se les reconoció desde el Estado para poder enmarcarlas legalmente. Pero, como se dijo, no son exactamente eso. “Por esto, es necesario la constitución de un estatuto del trabajador autogestionado”, propone Almeida y explica, “en el paso de trabajador asalariado al de autogestionado se están perdiendo todos los derechos sociales inherentes a la clase, quedando sujetos al éxito económico de la cooperativa para volver a recuperarlos”.

Desde Anta, Villar coincide. “La constitución en cooperativas resultó un excelente instrumento, pero vamos por más. Si somos trabajadores necesitamos la misma protección que tienen aquellos que lo hacen en relación de dependencia, porque lo que está cambiando es la relación de subordinación.”

El caso de los trabajadores de las empresas recuperadas es el ejemplo más claro en este sentido, ya que existen artículos de la Ley de Cooperativas que no permiten reordenamientos en cuanto a derechos que se tenían bajo la relación de dependencia y que se pierden a la hora de ser socios en una cooperativa.

La precariedad legal y económica en la que se recupera una unidad productiva y se la pone a funcionar, hace que el trabajador pague un costo muy alto por el mantenimiento de su fuente laboral, en un recorrido donde pierde su cobertura social, los aportes jubilatorios, vacaciones y demás beneficios de la relación de dependencia. Al mismo tiempo, una vez recuperada la unidad productiva, en la mayoría de los casos, dejan de ser reconocidos por el sindicato correspondiente, aseguran expertos en el tema.

“La autoexplotación es uno de los rasgos característicos de la autogestión –sostiene Heller desde el instituto Gino Germani–. Ante un ciclo de recesión y de caída de las ventas, los trabajadores tendrán que ajustar su salario”. Para el autor, “sólo a partir de la crítica a la autogestión podremos continuar la lucha para arrancar la expropiación definitiva de las fábricas en manos de sus trabajadores y consolidar la gestión obrera”.

Para que esto cambie, quienes ven en lo que va del proceso la mitad del vaso lleno, plantean la necesidad de constituir un estatuto propio del sector, que contemple todas estas alternativas y que favorezca su desarrollo. Según lo expuesto por el asesor legal de Anta, la norma debería establecer “un salario mínimo, vital y móvil, protección social y ART, para así poder salir del sistema de monotributo que desnaturaliza la condición del trabajador”.

Es que pese a esas dificultades, las empresas recuperadas crecieron no sólo en cantidad, sino en el número de sus trabajadores, que pasaron de ser algo menos de 7.000 en 2004 a alrededor de 9.400 este año, según consigna el relevamiento de la UBA. Este crecimiento no se debió solamente a la incorporación de nuevas ERT al universo total, sino también a la contratación de otros trabajadores por las empresas recuperadas más antiguas.

“La potencialidad de los trabajadores es enorme –afirma Ruggeri–, en cuanto a creatividad e iniciativa, y a formas nuevas de gestión. Porque por más que tenga que ejercer funciones de empresario piensa de forma distinta, nunca va atentar contra el trabajo de sus compañeros. Hay cuestiones de forma, de ver el problema económico desde el trabajo, que son totalmente diferentes al del capital. A mi entender, tienen que ser superadoras”.

Pero no todos son tan optimistas. Cristian Mellado, referente de la ex Zanon de Neuquén, se pregunta sobre aquellas cuestiones que todavía parecieran no tener respuesta. “Nuestras fábricas son como un barco de papel en un mar capitalista. Cómo podemos competir contra empresarios que trabajan con obreros en negro, tercerizados o precarios. Cómo competir contra grupos económicos que viven especulando y cuando tienen que despedir lo hacen sin empacho. Nuestras fábricas son trincheras de resistencia contra la desocupación. Tenemos que darnos cuenta de que somos los únicos que generamos riquezas”.

• Sumario de una realidad

La mayoría de los sindicatos no reconocen como parte integrante del mismo a los trabajadores de las empresas recuperadas. Sin embargo, existen otros casos, como por ejemplo el de la Unión Obrera Metalúrgica (UOM) que es emblemático. Con la culminación en la crisis del 2001, el sindicato de los metalúrgicos llegó a perder 600 mil trabajadores. Cambió su estatuto y de esa forma igualó en su seno al trabajador autogestionado y al trabajador en relación de dependencia. En la actualidad, el secretario adjunto del sindicato a nivel nacional y secretario general de la seccional Avellaneda, José Alberto Barrios, es integrante de la cooperativa Ciam, que no es otra que la antigua Siam de Villa Castellano, que llegó a tener 7.000 trabajadores, y es hoy una fábrica recuperada.

También los trabajadores gráficos, que no llegaron a ese nivel de organización jurídica, pusieron su experiencia y organización al servicio de los operarios del sector. Existe una red gráfica de trabajadores autogestionados que cuenta con el apoyo de su gremio y cuyos integrantes son atendidos como afiliados por el sindicato.

Hay, además, importantes nucleamientos de las empresas recuperadas, de los cuales el Movimiento Nacional de Empresas Recuperadas (Mner), es el más antiguo. Surgió en 2002, y sus principales referentes fueron Eduardo Murúa, Luis Caro y José Abelli. Al poco tiempo de su constitución, el movimiento se fractura con el alejamiento de Caro, que conforma el Movimiento Nacional de Fábricas Recuperadas (Mnfr). A su vez, se desprende otro sector, que pasa a formar la Federación Argentina de Cooperativas de Trabajadores Autogestionados (Facta), en el que se encuentra Abelli y representantes del Hotel Bauen, y que tiene gran influencia en el interior del país.

Otro desprendimiento del Mner es la Federación de Empresas Recuperadas y Cooperativas de Trabajo (Ferycootra), más ligados a las experiencias de la UOM Quilmes, organización que fuera liderada por quien hoy dirige los destinos del ejecutivo del distrito, Francisco Barba Gutiérrez.

Finalmente, se suma la experiencia de la Asociación Nacional de Trabajadores Autogestionados (Anta), que nuclea a ERT y a un número mucho mayor de otros emprendimientos autogestionarios. A diferencia del resto, se plantea como una organización sindical de trabajadores autogestionados referenciada en la Central de Trabajadores de la Argentina. También existe la Fecootra, que integran mayoritariamente cooperativas de trabajo, y la recientemente creada Unión Productiva de Empresas Recuperadas (Upea), que reúne a ERT de la Ciudad Aut. de Buenos Aires.

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