Cristina aspira a la Historia; el PJ sólo pretende sobrevivir

Cristina aspira a la Historia; el PJ sólo pretende sobrevivir

-La Historia me va a reconocer.

Cuando consigue fugas de la coyuntura, ese tormento diario plagado de sombras y acechanzas, Cristina de Kirchner se consuela con la ilusión de que su nombre, en el futuro, se revestirá del brillo que -inmerecidamente, afirma la dama- le mezquina el presente.

A mitad de la semana pasada, la Presidente cerró con esa frase una charla con uno de los hombres más poderosos de su Gobierno. Más cauto, Néstor Kirchner usó otro modo para decir lo mismo: planteó que el año y medio que les queda de gestión debe ser «inolvidable».

De a poco, incluso contrariando su tendencia eternista, los Kirchner empezaron a dar señales de admitir que su ciclo mágico parece condenado a agotarse en 2011. La apuesta de Cristina al incierto reconocimiento histórico es la constatación más brutal.

Nada, de todos modos, garantiza el bronce. Raúl Alfonsín es el caso testigo. Cierta vindicación histórica no lo exime, todavía hoy, de castigos retroactivos. El propio Kirchner, que rezó ante su féretro, el domingo lo responsabilizó de «legitimar» la deuda externa.

El domingo, por Canal 7, el ex presidente quiso clausurar el debate que animan sectores progresistas y de izquierda, mayoritariamente anti-K, sobre el origen de la deuda, y remitió al primer Gobierno institucional posdictadura. Sólo se cuidó de no pronunciar el apellido Alfonsín.

La admisión sutil del matrimonio respecto de que la etapa K podría diluirse con el recambio de 2011 no significa, sin embargo, que Kirchner, Néstor, desista de encarar en este tramo final una aventura definitiva, incluso, como candidato presidencial.

Es más. El principal mérito, para el Gobierno, de la reforma política es que estira la intriga sobre las candidaturas hasta mediados de 2011 o, incluso, con un K como postulante, posterga la expectativa de continuidad hasta la primaria del 14 de agosto.

«¿Se imaginan lo que hubiera sido la situación hoy si yo hubiese sido reelecto?», precisó, en la pantalla estatal, Kirchner para defender la estrategia de impulsar a su esposa como sucesora en vez de aspirar, él mismo, a un segundo mandato.

Ese principio explica, como mínimo, que el patagónico deje brotar el supuesto de que, contra viento y marea, competirá el año próximo a pesar de que cuesta encontrar, salvo casos puntuales, kirchneristas que crean que esa oferta electoral pueda aportar un triunfo.

Los números, vistos hoy, son implacables: el ex presidente -quien mejor mide de los dos- oscila entre un 22 y un 25% de la intención de voto, pero con un techo de entre un 28 y un 30%. Un sondeo de Carlos Fara lo muestra perdedor, en un potencial balotaje, hasta con Elisa Carrió.

Sin embargo, ese caudal -base dura del voto K- lo ubica como un rival casi imbatible en la interna del peronismo, lo que explica, entre otros fenómenos, que Carlos «Lole» Reutemann evalúe desistir de participar de un entrevero en las primarias del PJ.

Lejos, de todos modos, están los Kirchner de desistir de la batalla diaria. Justo cuando se conoció, ayer, el fallo del juez Marinelli contra la resolución de Guillermo Moreno sobre Papel Prensa, el Gobierno oficializó la creación de una oficina para incentivar los medios «no monopólicos».

El área, bautizada Dirección de Comunicación en Red, depende de Alicia Kirchner y será ocupada por Federico Martelli, un joven dirigente K, que manejará un dispositivo de transferencia de recursos económicos «vía subsidios y publicidad para la capacitación técnica y política, y la producción de contenidos de medios \’no monopólicos\’».

Delfines

Frente a ese panorama, hay quienes -pocos- se ilusionan con que, en el tránsito hacia 2011, el matrimonio bendiga a un delfín que le permita revertir la percepción de derrota irreversible que domina al peronismo, enfermedad que comienza a generar anticuerpos.

La espasmódica rebelión de algunos intendentes, como Sergio Massa, Pablo Bruera y Cristian Breitenstein, el ostensible silencio de los gobernadores en los últimos episodios, son postales tibias comparadas con movimientos que se gestan lejos de Olivos.

Ayer en Pinamar ocurrió un hecho sintomático: invitados por Horacio González, el presidente de la Cámara de Diputados, más de 20 legisladores acordaron gestar un espacio político con base en el Parlamento bonaerense. Una remake de la antigua diputadora.

A pesar de simpatías cruzadas, primó un concepto unificador. «Parece que se va a cumplir la profecía autocumplida de que Cobos será presidente y nadie va a hacer nada», redondeó un comensal. La voluntad, se pactó, es tratar de evitar ese final anunciado.

Simple: una potencial postulación de Kirchner, se coincidió, no hará otra cosa que profundizar la sensación de un fracaso electoral. Algunos de los presentes aplicaron el mismo criterio respecto de la provincia y a un intento reeleccionista de Daniel Scioli.

Se extendieron en la sobremesa, junto a González, Juan Garivoto, Raúl Pérez, Iván Budassi, Guido Lorenzino, Jorge Varela, Gabriel Bruera, Darío Duretti, Graciela Rego, Alicia Tabares, Franco La Porta, Horacio Delgado y, entre otros, Tomás Hogan. Un ADN de la mesa revela que expresa al grueso de las tribus del PJ bonaerense.

Hoy, a la casona que habita González en Pinamar -destino donde ocurrió, días atrás, otra cumbre crítica contra los K- llegará un grupo de intendentes. La receta, que está lejos de ser infalible, es básica: «hablar con todo el peronismo». Dentro de esas fronteras vale todo. Incluso, o sobre todo, Eduardo Duhalde y Francisco de Narváez.

Las proyecciones operan en dos planes distintos. Cristina, y en parte Kirchner, sueñan con la Historia. Los demás, menos pretenciosos, con sobrevivirlos.

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